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viernes, 17 de febrero de 2012

EN LA PIEL DEL OTRO


"No juzgues a nadie antes de haber caminado dos lunas con sus mocasines"

Proverbio amerindio


Si Israel se metiera un poco en la piel de los palestinos y los palestinos en la piel de los israelíes, en seguida se haría la paz.

Si las Iglesias cristianas, todos los patronos, trabajadores y parejas hicieran otro tanto sería el cielo en la tierra.

Si intentáramos seriamente ponernos siempre en la piel del otro, habría más comprensión entre nosotros y, a lo mejor, acabaríamos amándonos.

Los psicólogos llaman al hecho de meterse en la piel del otro “tener empatía”.

Dios se metió en nuestra piel, y esto ha sido la Encarnación hasta el extremo de la cruz.

Los misioneros hicieron generalmente grandes cosas, muchas absolutamente magníficas, otras tristes hasta llorar. Cada vez que se equivocaron fue porque se olvidaron de meterse en la piel de los pueblos que buscaban iluminar. Hoy la misión consiste en recuperar el tiempo perdido.

Antes de decidir lo que sería bueno para los pobres, para las personas de orientación sexual diferente, para aquellas que se hacen abortos o aquellas que reclaman la eutanasia, haría falta conocer al menos una de estas personas y escucharla profundamente. Al final, quizás uno se preguntaría si verdaderamente tiene derecho a decidir por ellas.

Con el Samaritano que desciende de su montura, toma al herido en sus brazos y lo pone en su burro, Jesús nos enseña a no mirar al otro desde arriba, desde nuestra suficiencia, sino a descender de nuestra torre, a hacernos cercanos del otro, a alzarlo a nuestro mismo lugar y a caminar sencillamente a su lado. Lo mismo con los ateos, con personas de otras religiones y con el tercer, el cuarto y el mundo entero.

Se buscan toda clase de espiritualidades. Ponerse en el lugar del otro, meterse en su piel, es una de ellas. Se la llama la espiritualidad de la encarnación. Ésa fue la espiritualidad de Jesús.

Eloy Roy

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